martes, 21 de febrero de 2012

Cerebro y Adicciones: Cannabis

¿Qué efectos produce sobre nuestro cerebro el consumo abusivo de cannabis?

Se entiende como adicción cualquier actividad que el individuo no sea capaz de controlar y que interfiera en su vida normal perjudicándola mediante conductas compulsivas. Existen diferentes sustancias que, al ser consumidas por distintas vías, pueden causar adicción y cuyos componentes pueden ser de origen animal, vegetal o mineral. De entre ellas, la marihuana o cannabis y sus derivados como el hachís, son la sustancia ilegal más consumida en el mundo. El término cannabis hace referencia a las flores secas, hojas y tallos de las hembras de la planta con el mismo nombre. Se trata de una sustancia psicoactiva que suele consumirse por vía respiratoria y que afecta de manera directa al cerebro produciendo cambios en la capacidad de razonamiento y en la percepción.

Nuestro cerebro contiene diferentes sistemas receptores que reaccionan a sustancias químicas específicas, produciendo una reacción en consecuencia. El compuesto químico psicoactivo predominante en el cannabis es el tetrahidrocannabinol o THC, pero no es el único, ya que el cannabis contiene más de cuatrocientos compuestos diferentes, de los cuales más del 15% son cannabinoides, con diferentes efectos en el Sistema Nervioso. Estos cannabinoides actúan en el cerebro de la misma manera que un proceso químico que se lleva a cabo de forma natural en nuestro cerebro, acoplándose en el sistema receptor correspondiente al neurotransmisor natural llamado anandamida y que parece ser el responsable de ayudar  a luchar al cuerpo contra el estrés, el dolor y las náuseas. El consumo de cannabis a largo plazo causa adicción porque, en respuesta a la ingesta continua de grandes cantidades de cannabinoides, el cerebro disminuye el número de receptores de anandamida disponibles, lo que nos lleva a tener que aumentar el consumo de manera compulsiva para lograr los mismos efectos, lo que se conoce como tolerancia. Esta tolerancia es mayor cuando el consumo de cannabis se combina con alcohol. El 9% de las personas que consumen marihuana se vuelven dependientes de la misma.

Cuando el THC entra en el cerebro, nos sentimos eufóricos porque actúa sobre el sistema cerebral de gratificación, compuesto por las regiones del cerebro que gobiernan las respuestas de las personas al placer que nos producen, entre otros, el sexo, el chocolate y la mayoría de drogas de abuso. El THC actúa como todos ellos, estimulando células cerebrales para producir la liberación de dopamina. También aumenta la percepción sensorial, percibiendo colores más brillantes, altera la  forma en que percibimos la realidad, causa locuacidad e hilaridad y altera la percepción del tiempo. Tras este periodo de euforia, el consumo de cannabis provoca a un periodo de relajación, que puede dar paso al sueño o incluso a la depresión. Aparecen efectos de “apalancamiento”, cansancio, pérdida en la fluidez del pensamiento y un apetito que tiende al consumo de dulce.

La mayor cantidad de receptores de cannabinoides, se encuentran en zonas del cerebro relacionadas con el placer, la memoria y la cognición, la percepción sensorial, la concentración, el pensamiento, el movimiento y la coordinación y juegan un papel crítico en el desarrollo y la función normal del cerebro, ayudando a controlar funciones mentales y físicas, que pueden verse perturbadas por el consumo de cannabis. Ello provoca que el consumo de marihuana deteriore la capacidad para aprender, crear nuevos recuerdos y para desviar la atención de una cosa a otra. Desinhibe la conducta y entorpece la coordinación y el equilibrio, ya que se adhiere a los receptores en los ganglios basales y el cerebelo, que son las partes del cerebro que lo regulan junto al tiempo de reacción, la coordinación o la postura, por lo que afecta también a la capacidad de realizar tareas complicadas, practicar algún deporte o conducir. El consumo de cannabis antes de dormir puede ayudar a conciliar el sueño, pero dificulta el alcance de la fase REM, donde se producen los sueños y un mayor descanso, por lo que al despertar es probable que nos sintamos más cansados y con sensación de embotamiento. El consumo de dosis altas de marihuana puede llegar a provocar psicosis aguda con alucinaciones y delirios e incluso pérdida de la identidad personal. Esto ocurre con más frecuencia cuando el consumo se realiza mediante la ingesta o bebida del cannabis, que cuando se fuma. Estas reacciones psicóticas pueden asociarse a otros trastornos de mayor duración, como la esquizofrenia, siempre y cuando la persona estuviera previamente predispuesta a ello de manera biológica.

El cerebro, acostumbrado a recibir cannabinoides del exterior, disminuye la producción de anandamida y por tanto necesita el aporte externo. Cuando termina la ingesta de marihuana a grandes dosis, los receptores de la anandamida aumentan hasta alcanzar de nuevo su nivel natural y es entonces cuando se produce el síndrome de abstinencia. Los efectos de la abstinencia en el consumo de marihuana son leves si los comparamos con otras sustancias. Sus síntomas aparecen al día siguiente de empezar la abstinencia, alcanzando su punto máximo a los dos días de abandonar el consumo. Reporta irritabilidad, dificultad para dormir, deseos de consumo compulsivo, ansiedad y agresividad. En cuanto transcurren de una a dos semanas desde el último consumo, los efectos del síndrome de asistencia se atenúan.

Además de sus efectos en nuestro cerebro, el consumo de cannabis también afecta a otros sistemas, como el endocrino o la termorregulación, puede provocar alteración de las hormonas sexuales, disminuyendo la cantidad de espermatozoides en el hombre y alterando el ciclo menstrual en la mujer. Acelera el ritmo respiratorio y el ritmo cardíaco, reduciendo la capacidad de transportar oxígeno por el torrente circulatorio.

Hoy en día no hay patrón establecido sobre el uso y abuso  de marihuana, afecta a diferentes sectores poblacionales más allá de sexo, cultura o clase social. Aunque aún no se conocen todas las consecuencias que puede sufrir el cerebro por el abuso de cannabinoides, sí que puede dilucidarse que la exposición a las concentraciones altas de THC, afectan de manera negativa a nuestro organismo en general y a nuestro cerebro en particular, especialmente en las personas jóvenes, cuyos cerebros están el proceso de desarrollo.



"La adicción nunca debería ser tratada como un delito. Debe ser abordada como un problema de salud." Ralph Nader


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